Vienes a mí, con este nudo en la garganta que ya es parte de tus días,
Me cuentas tus penas, las escucho sin oposición y las comparto pero, no puedo evitar cuestionarme,
¿Por qué yo he de compartir tus penas si tú menosprecias las mías?
"Siempre entiendo", "siempre escucho" no me malinterpretes, me interesas.
Pero observo que la marea solo viaja en un sentido, ¿Acaso mis penas te pesan a ti?
Porque recuerdo las veces que te desahogas en mi hombro y te consuelo
Pero también recuerdo aquella vez en la que después de abrir mi corazón ante ti, enterraste mis palabras, como si fuera algo banal
Recuerdo esa vez en la que terminaste tratándome como si fuera un indigno, me culpaste como si fuera un asesino, y te escondiste en ese auto, victimizándote
Cada vez que dejo ir mis penas, mis palabras llegan a ti, y rebotan para finalmente morir en el viento
Mientras mi corazón aún abierto sangra sin control.
—ALEJANDRO MADAY 220726—
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